¿Cómo distinguimos el impacto real de un traumatismo?
Un traumatismo ocular puede esconder daños complejos bajo una superficie aparentemente estable. Evaluamos cuidadosamente la presencia de hemorragia ocular, descartamos desprendimiento de retina, edema macular o incluso daños en la mácula que imiten síntomas de degeneración macular. Es crucial diferenciar si el paciente ya padecía condiciones previas como miopía, hipermetropía o astigmatismo, o si el golpe ha derivado en una uveítis post-traumática. También vigilamos que no se desarrollen complicaciones secundarias como cataratas post-traumáticas o episodios de glaucoma por aumento de presión intraocular.
